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Y a ti, ¿qué jefe te ha tocado?

Una conocida cita, que contiene una gran contradicción, reza: “Hay dos tipos de personas: las que clasifican a la gente las que no”. Sin señalar a nadie, A NADIE, ejem… en Bruneau hemos tirado de imaginación (con las justas dosis de realidad) para describir algunos de los perfiles de jefes y jefas más habituales en la cadena de mando de las empresas. ¿Te suenan?

Y a ti, ¿qué jefe te ha tocado?

El veterano

Empezó en la empresa desde abajo, hace décadas, y hoy día sabe tanto arreglar la cafetera de cápsulas como presentar debidamente un presupuesto de servicios de ingeniería para un gobierno autonómico. Su experiencia vale más que todos los másteres de los jóvenes talentos que se incorporan a la compañía con ganas de deslumbrar a todo el mundo.

No necesita ser autoritario, porque siempre encontrará un punto débil irrefutable en los argumentos de cualquiera que le discuta una decisión. Lo que dice el veterano es dogma de fe.

El heredero

Es una de las especies más abundantes, pero con una particularidad: estrictamente hablando, no forma parte de la cadena de mando, pero ejerce como tal a fuerza de ganarse durante años la confianza del personal directivo, hasta la del más veterano.

No deja de ser un currante con mucha experiencia, rapidez de reflejos y capacidad de resolución. Pero habla en plural mayestático (“vendemos más, tenemos pérdidas, atendemos mejor…”) como si una parte de las acciones de la empresa le perteneciesen o como si fuera a heredar la compañía entera.

Llega el primero a la oficina (tiene llaves, por supuesto) y se marcha el último, dejando claro (y bien alto para que todos le oigan) que “si hay algo, me llamáis a cualquier hora”. Goza de carta blanca para convocar reuniones o salir y entrar sin previo aviso del despacho de dirección.

Es el tipo de “mando” más difícil de contrarrestar. Conoce a todo el mundo, tiene ojos y tentáculos desde la recepción del edificio hasta el último rincón de la empresa. Cualquier crítica hacia su persona, aunque sea en voz baja junto a la máquina de café, le acabará llegando y tarde o temprano lo pagarás. Difícilmente podrás dejarle en evidencia porque jamás se equivoca, todo lo sabe y su veredicto sobre un buen o mal trabajo es inapelable.

El asambleario

Si no fuera porque te han dicho que tiene un cargo, pensarías que es del comité de empresa. Antes de dar una sola orden, necesita tener la seguridad de que todos los de su equipo la comprenden y quedan convencidos de los motivos. Puede llegar a convocar una consulta popular hasta para preguntar a los empleados si les parece bien repintar la cocina-office de verde pistacho.

Su amabilidad y tolerancia extremas constituyen una poderosa herramienta que desarma al personal, que acaba por solidarizarse y quedarse hasta horas intempestivas para ayudarle a acabar esas puntas de faena en momentos de apuro.

El engrasante

Es un tipo de jefe especialista en escurrir el bulto. Todo le resbala. Su hábitat natural son las empresas con equipos directivos sobredimensionados. Ahí puede elegir entre abundante personal de su mismo nivel a la hora de cargar las culpas sobre objetivos o proyectos no cumplidos.

Por un lado, es un mando que se librará de todas las tareas posibles y, como consecuencia, sobrecargará a su equipo. La parte buena es que, tras encargar las tareas, no muestra especial interés ni control en su desarrollo, lo que se traduce en cierta manga ancha y alivio para sus subordinados.

El olímpico

Palos de golf, raquetas de pádel o zapatillas de running gozan de un sitio fijo junto a su mesa de despacho. Las endorfinas que el deporte genera en el organismo se suelen traducir en un mejor estado de ánimo. Como consecuencia, los empleados de un jefe deportista tendrán delante, por un lado, a alguien que suele estar de buen humor, pero que por otro lado exhibe -y exige- espíritu competitivo constante.

No faltarán de su boca expresiones como “Este año va a ser una carrera de fondo", "la empresa se juega la Champions” o “negociad los precios hasta el último céntimo, como si fuera un tie-break”.

La variante premium del jefe deportista es el que invita a la plantilla a participar de su frenesí olímpico. Proposiciones como “¿Te animas a correr/pelotear/una pachanga cuando acabemos?” las carga el diablo. Si también eres deportista y, como currante, te gusta marcar distancias con la jefatura, procura que no se entere de tu afición. Tócate la rodilla o cojea de vez en cuando simulando una molestia. Evitarás así que el jefe piense en ti como compañero de pista.

Y los que nos dejamos...

En sus más de 20 años en España, por Bruneau han pasado todo tipo de jefes, mandos intermedios y empleados (para vuestra tranquilidad como clientes, os diremos que la evolución natural se ha decantado por conservar a las personas con perfil más próximo al del “veterano”).

¿Y tú, has estado bajo las órdenes de alguien como los descritos? ¿ERES uno o una de ellos…? Cuéntanoslo escribiendo a noticias@bruneau.es.