Reducir el consumo eléctrico de la oficina no solo es un gesto beneficioso para el entorno natural, sino también un ahorro importante en los gastos de la compañía. A través de pequeños hábitos y estrategias diarias, es posible optimizar el consumo de energía sin afectar negativamente a la productividad. Desde el aprovechamiento de la luz natural hasta el ajuste de los equipos, hay muchos trucos que puedes poner en práctica.
Cada vez somos más conscientes de la necesidad del cuidado de nuestros recursos, poniendo todo de nuestra parte para colaborar de forma individual. Del mismo modo, un mayor consumo de electricidad no siempre va de la mano de una mejora del bienestar en el ambiente de trabajo. Cada pequeño gesto cuenta para el beneficio de todos.
Pero, ¿qué podemos hacer en una oficina para que el consumo energético sea considerablemente más bajo? A través de esta completa guía te damos 10 trucos prácticos, altamente eficientes y fáciles de aplicar, que harán que tu oficina sea más eficiente y sostenible.
Antes de comenzar a plantear una reducción del uso de recursos, es importante conocer cuáles son las fuentes de mayor gasto en un espacio de trabajo. Cada oficina es diferente y tiene sus propias características; no obstante, por lo general, los mayores consumos eléctricos suelen provenir de los siguientes elementos:
Además, a diario hay que contar con el uso de pequeños electrodomésticos de oficina, cargadores y conectores, y diversos aparatos que en ocasiones se dejen conectados las 24 horas del día, incluso cuando no se hace uso de ellos.
Al final, esto supone un consumo energético importante que tiene un gran impacto a todos los niveles, y que, con pequeños gestos, podrían suponer el cambio que toda empresa eficiente necesita.
Basta con adquirir unos simples hábitos diarios y hacer una mejor gestión de los equipos de trabajo para que la oficina se convierta en un espacio más sostenible. Veamos cuáles son los mejores tips que puedes poner en práctica para disminuir el gasto de energía sin comprometer la comodidad ni la productividad de los trabajadores:
Además de ahorrar en el uso de recursos, el uso de la luz natural para trabajar con el ordenador es altamente beneficiosa para la salud visual de los empleados. Mantener abiertas las persianas y ubicar los puestos de trabajo cerca de las ventanas son simples gestos que evitar el uso excesivo de luz artificial durante toda la jornada laboral.
No siempre es posible utilizar la luz natural a lo largo de todo el día. Por ello, sustituir las bombillas tradicionales por unas con tecnología LED es la clave para ahorrar hasta el 80% en el consumo de luz. Además, las bombillas LED son más duraderas y tienen mayor calidad lumínica, evitando forzar demasiado la vista.
Las regletas eléctricas son muy funcionales a la hora de enchufar varios dispositivos en la misma toma eléctrica. Si en lugar de usar una regleta normal te pasas a una que tenga interruptor, evitarás lo que se denomina ‘consumo fantasma’ al apagar todos los dispositivos al mismo tiempo, solo con presionar el botón al terminar tu trabajo.
Otra forma de reducir el consumo eléctrico en la oficina es configurar los equipos que usas a diario para que entren en modo suspensión de manera automática. Tras un tiempo de inactividad, los equipos como ordenadores, impresoras o monitores se apagan para reducir el gasto sin que tengas que preocuparte de nada. Eso sí, no te olvides de apagarlos por completo al finalizar el día.
Si ha llegado la hora de cambiar los dispositivos electrónicos de tu oficina, apuesta por equipos más eficientes. Busca la etiqueta de certificación energética que proporciona un menor consumo y rendimiento más elevado. Muchas veces merece la pena invertir un poquito más para ahorrar a largo plazo.
Con el fin de minimizar el consumo de los sistemas de climatización, considera hacer un buen aislamiento de techos, ventanas, suelos y paredes en tu oficina. Revisa pequeños detalles como los cierres y juntas de puertas y ventanas, de manera que la temperatura interior se mantenga estable sin la necesidad de abusar del aire acondicionado o la calefacción.
Es habitual que en una oficina en la que muchas personas comparten el mismo espacio de trabajo, no todos tengan las mismas necesidades de climatización. Todos pueden hacer un pequeño esfuerzo para que no sea necesario consumir muchos recursos. Basta con mantener el termostato entre 20 y 22ºC en invierno y entre 24 y 26ºC máximo en verano. La elección de ropa más fresca o más abrigada queda a criterio de cada empleado.
No te olvides de realizar una revisión y limpieza periódica de los equipos para asegurar su máximo rendimiento. Desde los aparatos electrónicos, electrodomésticos, hasta los equipos de climatización, necesitan un repaso cada cierto tiempo para que funcionen bien y evitar averías que conlleven un desperdicio de energía no deseado.
¿Crees que en tu oficina se podría ahorrar aún más electricidad? No dudes en hacer realizar un monitoreo energético para conocer en qué momentos del día, de la temporada o del año se producen los mayores picos. En base a estos podrás aplicar medidas preventivas optimizando el uso energético en base a las necesidades de la empresa.
Cada vez son más las oficinas que promueven el teletrabajo combinado con la asistencia a la oficina. Este pequeño gesto favorece a los trabajadores que pueden gestionar mejor su tiempo, y a su vez supone un buen ahorro para la empresa. Si es posible ponerlo en marcha en tu empresa, considéralo como una medida más sostenible.
Como ya hemos visto, reducir el consumo eléctrico en la oficina es una tarea sencilla si se aplican estos hábitos responsables. Haz un análisis de las posibilidades de tu propio espacio de trabajo y encuentra los mejores trucos para lograr una empresa más eficiente, sostenible, rentable, y beneficiosa para tus propios trabajadores.
Los sistemas de climatización, la iluminación y los equipos informáticos son los principales aparatos que conllevan el mayor consumo de electricidad en una oficina.
Sí, ya que las bombillas LED consumen hasta un 80% menos de energía que las tradicionales, conllevando un gran ahorro a largo plazo.
La mejor temperatura para mantener el aire acondicionado en verano en la oficina es de entre 24ºC y 26ºC. En invierno, la temperatura ideal para la calefacción se sitúa entre 20ºC y 22ºC.